Buscando la perfección

Los 300 metros que separaban el restaurante donde habían cenado y la playa se le estaban haciendo interminables, por lo que tras dibujar una sonrisa pícara hizo una pequeña carrera, coqueta, sabía que un aire infantil en las mujeres tenía su punto, pero sin exagerar, tampoco quería parecer ridícula a sus 34 años. Y es que Marta era asi, equilibrada, fruto de un análisis detallado de lo que debía ser en cada momento y un comportamiento calculado. Más que conocerse a sí misma, Marta se había autoconstruido, hasta el más mínimo detalle.

Y es por ello que empezaba a ponerle nerviosa el hecho de no tener pareja estable, en sus planes había conseguido  con creces el éxito profesional: título de directora en la tarjeta, buen sueldo, seguro médico y plaza de parking en la planta -2 de su multinacional, permitiéndose mirar con suficiencia en el ascensor a los de la -3 y -4  lo que le proporcionaba una inmensa satisfacción cada mañana. Satisfacción que le duraba entre 5 y 7 segundos…el tiempo que tardaban en chirriar las puertas y anunciar la entrada de los privilegiados de la -1.

El mismo empeño y dedicación que había puesto en su carrera profesional lo había utilizado también para conseguir una pareja adecuada para ella. Quedaban excluidos su grupo de amigos de la universidad, no porque de origen no fueran buenos, pero las jornadas de 14 horas que había dedicado a la empresa (la planta -2 del parking había tenido su precio)  no le habían permitido compartir demasiado tiempo con ellos, lo que habían aprovechado otras mujeres del grupo para quedarse con los mejores y dejar solo disponible una variopinta colección de inmaduros, freaks y alérgicos al compromiso.

Así que, con la misma determinación con la que presentaba los planes de negocio de su unidad, hizo un estudio de las mejores páginas web para conseguir pareja y se entregó en cuerpo y alma al mercadeo sentimental por internet. Se creó un perfil atractivo, mezcla de mujer dulce pero sensual, madura pero divertida y en poco tiempo le llovieron las proposiciones. Ahí es donde empezó el trabajo difícil, todos los del torso desnudo…eliminados por presuntuosos y excesivamente físicos, ¿fotos de animales? Fuera! Por sensibleros, ¿niños? Imposible, todavía no sabía si quería hijos ella como para cargar con los de otra.  Y luego el ritual de los primeros mensajes, de simular que uno se da a conocer cuando de hecho se está vendiendo, el primer tanteo, la primera propuesta de cita…

El recuerdo de todas esas noches perdidas delante del ordenador le provoco un desagradable escalofrío que mitigo apretando la mano de ¿Victor? ¿Hector? Daba igual, el tacto y el calor la reconfortaba igual. Ya en la playa  se sacaron los zapatos y lo llevo hasta un punto donde estuviera lo suficientemente cerca del chiringuito para sentirse segura pero debidamente lejos para tener intimidad. Llegaba el momento decisivo. La cena en la terraza del Paseo había ido muy bien.  Marta estaba convencida que el modo en que un hombre comía era un claro reflejo de sus aptitudes sexuales; demasiados remilgos y modales implicaban seguro un sexo aséptico y previsible, mientras que un exceso de gula significaba unos modos demasiado salvajes y vulgares para ella. Como en todo, la clave estaba en el equilibrio.

De hecho solo dos chicos en los últimos 4 meses habían llegado a la playa con ella, pero ninguno de los dos había pasado la prueba final. Los llevaba siempre al mismo punto y una vez allí permanecía muda  esperando ver si eran capaces de disfrutar de su playa igual que lo hacia ella. El primero rompió el silencio para presumir de sus viajes “que si uno no sabía lo que era una playa de verdad hasta que no iba a las Maldivas, que si como la arena del desierto del Namib no había nada…” ,el segundo rompió la magia tratando de ponerse poético romántico en la situación “…que si la playa de noche le hacía sentirse infinitamente pequeño, que si el rumor de las olas…que si…” Ninguno había comprendido que lo que  realmente quería ella era disfrutar del silencio unos minutos,notando la compañía de otro sin necesidad de hablar.

Pero no, no lo entendían…. Por lo que sin decir nada, se había levantado, lánguida, y se había alejado caminando sin mirar atrás.  En el fondo le gustaba ese momento…se veía a si misma desde arriba como si estuviera en una película…con ese aire de heroína incomprendida que tanto le gustaba para si misma. Y es que ella necesitaba más. Merecía a su héroe.

Pero en las últimas semanas había empezado a temer quedarse sola. De que servía triunfar en otros aspectos de la vida sino tenia a alguien a su lado. Una persona que la admirara, un espejo sobre el que ver reflejado y aumentado su propio éxito. Asique no pudo evitar emocionarse al comprobar que ¿hector? ¿victor? se había estirado a su lado y sin decir nada se había limitado a mirar hacia la oscuridad mientras jugaba con la arena entre sus manos. No podía creerlo!! Finalmente  alguien para ella!! Fue tanta la sensación de alivio que no  pudo evitar una tiernas lágrimas de felicidad… haberlo encontrado después de tanto tiempo …  saber que no habría mas pruebas, mas noches ante el ordenador, que no estaba ya sola.

Hector se levantó…le dio la espalda y empezó a alejarse de ella sin decir nada. Le gustaba verse a si mismo desde lejos como si estuviera en una película, con ese aire de héroe incomprendido que tanto le gustaba a si mismo. ¿Marta? ¿Maria? Había empezado como una cita prometedora, la cena, el momento de silencio en la playa, pero… ¿lagrimas? Por favor!! No para él. Es cierto que  empezaba a temer a la soledad pero tenía fe que con la chica del próximo sábado……